Deshidratados Chosti: “La cocina de la anécdota y lo multidisciplinario. El cocinero humano”

Rodolfo Montes de Oca

Deshidratados Chosti es una iniciativa culinaria de de Brisas del Mucurujún, una pequeña empresa creada en Timotes, en el estado Mérida. Conversamos con estos compañeros y aquí se la dejamos, producción punk y alternativa ante la escasez alimentaria:

  • ¿Cuando surge esta iniciativa de Deshidratados Chosti?, ¿Por qué ese nombre? y ¿Qué productos ofrecen?

Principalmente porque como agentes de cambio en esta sociedad de consumo debemos actuar primero contra los parámetros de alimentación que nos han impuesto desde hace años. Incluso, podríamos decir que estos parámetros obedecen en su mayoría a nuestra condición  de país rentista, dónde así cómo nos  formamos comprando todo fuera del país, hemos también comprado la idea de comer entre horas, productos altamente tóxicos por sus contenidos de Glutamato, Aspartamo y  otros químicos potencialmente dañinos para el organismo.

Poniendo no sólo en riesgo nuestra salud, sino también desplazando y condenando  nuestro potencial en producción de alimentos tipo botanas y snacks. Estaría demás decir que la gran mayoría de esas procesadoras de “alimentos”  obedecen a un grupo trans-nacional que nos ha hecho creer durante años que son un reflejo de nosotros, de lo que comemos y le damos de comer a nuestros compañeros, cuando todos sabemos que es paja.

Deshidratados Chosti es un producto de Brisas del Mucurujún, una pequeña empresa creada en Timotes, Venezuela; la cual ofrece servicios de alimentación,  productos alimenticios como frutas y vegetales deshidratados, hierbas para infusiones, aromáticas y productos frescos como hortalizas orgánicas entre otros… También le echamos bolas con la producción audiovisual, por los momentos con las uñas, tenemos un proyecto de serie audiovisual en conjunto a Stimot’s producciones y otros compas de Timotes llamada “Walter Osuna, el Suramericano” Eso es otro ton, pero no escapa de la iniciativa.

Como todo en la vida esto va por etapas, esperamos poder abrir los espacios físicos pronto para ponerlos a la orden de la producción y el compartir del arte y el conocimiento en cualquiera de sus formas, desde los panas que quieren mostrar y cocinar su menú hasta la banda de punk o el poeta arrecho que quiera desahogar su talento, o la escultora emergente que quiera mostrar su producción. Todo con un claro sentido de autogestión, sustentabilidad y apoyo mutuo.

El nombre Chosti se debe a una expresión entre algunas panas de Mérida que bueno, desde hace años usamos para describir lo que es bueno, divertido, extraño y hasta satisfactorio.

  • ¿Es complejo producir con la escasez de alimentos y los altos costos en Venezuela?

Muy complejo, actualmente hemos tenido problemas con diversificar y ampliar  la producción y llegar a más lugares y compañeros. Cada semana o dos hay precios nuevos sobre la materia prima. Pero sorteando esas dificultades se ha optado por darle duro con los deshidratados,  los servicios de alimentación y la producción del huerto por los momentos,  para ir abriendo camino en miras de habilitar el espacio físico donde pues ya podremos integrar mejor todo este universo. Cabe destacar que el espacio existe, pero por cuestiones económicas se ha hecho difícil habilitarlo al 100 por ciento para este propósito. Toca  echarle bolas.

  • ¿Ustedes son los que apuestan por la producción nacional o prefieren vivir de la renta petrolera?

Desde que soy un niño recuerdo que todo lo paga el oro negro y si bien ya la guachafita está llegando a su fin, creo que nos falta mucho para empezar a desear producir aquí… Primero quitarnos el chip de consumistas ciegos, quienes fuimos hasta calificados como los “ta’ barato” por tener las lucas y ya, ¡compras todo!

Entonces, creernos el cuento de que podemos producir en base a nuestros talentos y conocimientos. ¡Luego apostar todo a eso!

  • Para cerrar…¿Qué le recomiendan a los jóvenes que quieran emprender en el ámbito culinario?

Primero, sacrificar… Sacrificar aquel sentimiento de comodidad, la llamada zona de confort, salir de ella, pensar en que no hacemos nada hasta que entendemos que hay que atreverse. Segundo, pensar en que no estamos para vender algo bonito y “gurmé” y hacer lucas…  estamos para cambiar los hábitos alimenticios, mostrar otras caras de la verdadera cocina, la cocina del amor, la cocina de la abuela, la cocina del señor José, la cocina de lo orgánico, de lo sustentable, de las delicateses con un cuento por dentro. La cocina de la anécdota y lo interdisciplinario. El cocinero humano.

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